Sobre mi

La gente se suele sorprender cuando digo que mi especialidad son los nervios y el miedo escénico de músicos clásicos.

¿¿Músicos y se ponen nerviosos??

Es normal que no lo entiendan. Primero porque no lo sufren, y segundo porque no lo han visto.

Y no lo ven porque un músico con nervios es experto en aparentar esa cara de seguridad mezclada con cara de músico profesional. Aunque por dentro la cosa sea diferente.

Y no hablamos de ataques de pánico, sino de que en casa tocarías (o cantarías) esa obra otra vez más, aunque ya lleves 20. Pero cuando estás en una prueba, o se acerca tu solo, hay una parte de ti que lo que quiere es que se acabe cuanto antes. Y que cuanto más expuesto, o más importante es un momento, más desconexión hay entre tú y la música.

Y aunque a todos nos gusta decir que nos importa una mierda lo que digan los demás, hay momentos en los que estar ante el publico te quita la sensación de libertad que tienes en casa. Da igual que en el público haya gente que no distinga un Re de un Reb, o que te feliciten al acabar.

Las personas que no lo han sufrido, es normal que no lo entiendan.

Y los más crueles con esta situación no son esos otros músicos que dicen que si tienes nervios es que no vales para esto, o que no te has preparado suficiente.

No. A veces la persona más cruel con esta situación es el propio músico consigo mismo.

Se ha preparado y estudiado. Ha hecho respiraciones, visualizaciones, pases, meditación, contado su vida e infancia a un terapeuta, intentado todos los trucos de YouTube, los consejos que no le funcionan ni al que te los cuenta.

Y como has intentado todo lo que se supone que hay que hacer y no tienes resultados, empiezas a pensar que eres tú, que igual no vales para esto. Pero no es así.

A mí no me tienen que contar lo que es tocar música en casa, y en el escenario que los nervios solo te dejen "dar las notas".

Yo lo sufrí.

Sé lo que es ahorrar para un campus de música de cámara de una semana con Sergio Prieto —violinista de la Escuela Yehudi Menuhin—, llegar el primer día con el Concierto nº 2 de Bach preparado para dejar flipados a todos, y que los nervios me hicieran tocar tan por debajo de mi nivel que me pasé la semana estudiando afinación. Volverme a casa sabiendo que las clases no me habían servido. Porque no eran para mi nivel real. Eran para el nivel que los nervios me dejaban mostrar.

Sé lo que es estar tranquilo y disfrutando tocando otros estilos, pero con la música clásica algo se activaba.

Sé lo que es que la música solo se disfrute en el aula de estudio. Y dejar de tocar si había alguien en el aula de al lado que pudiera escucharme.

Ya no.

Cuando dejé de pelear con los nervios y pude disfrutar tocando en público, lo primero que pensé fue: "Así que esto era lo que sentían los músicos que yo veía disfrutar en el escenario."

Por eso sé que no estás roto. Estás buscando en el sitio equivocado.

Todos los músicos a los que he ayudado habían intentado lo que se supone que hay que hacer. Y seguían igual. A ratos pensaban que estaban rotos, pero es que estaban buscando en el sitio equivocado. Todo lo que intentaban se desvanecía en cuanto pisaban el escenario.

Porque no va a la raíz.

Te pongo un ejemplo.

Imagina un violinista que se agobia cada vez que se acerca un trémolo tenuto pianísimo. Algo que me encuentro bastante. Cuando tengo a ese músico delante y analizo lo que pasa en su mente, descubro que su cabeza crea una película involuntaria: se ve a sí mismo con la mano temblando y el arco botando. Eso ocurre antes de llegar al pasaje. Sin que él lo elija.

Eso no es "estar nervioso". Es un mecanismo mental concreto. Una reacción que se aprendió en algún momento y que ahora se dispara sola cada vez que aparece ese tipo de pasaje.

Y hasta que no cambies esa reacción aprendida, todo va a seguir igual.

Por eso que te den un PDF, una charla para toda la orquesta, o una explicación de cómo funciona la amígdala no te sirve de nada cuando estás esperando tu turno en una audición y ves a los demás participantes. Ni cuando llega tu solo y te tensas aunque sea más fácil que el tutti. Ni cuando te preparas una oposición por tercera vez y en el examen tu nivel baja un 30% sin explicación. Ni cuando eres cantante y la garganta se te cierra justo en la audición que más importa. Ni cuando acabas el recital y lo que quieres es irte. No le vale ni a los amateurs, que ni siquiera tienen presión profesional real.

Y sin embargo, cuando desactivas esas reacciones, todo cambia.

Como M.A., pianista que tras años pasándolo mal en concursos, desactivó esas reacciones, empezó a dar su nivel real y ganó un concurso internacional. Fue de gira por Japón. Pero lo que más le llenó fue que disfrutó "como una enana".

Como E.C., trompetista con más de veinte años de carrera y profesor de música, que había dejado de tocar en una banda sinfónica profesional por el sufrimiento de los nervios. Tras desaprender esas reacciones, no solo volvió a la banda, sino que ahora disfruta de la música de manera plena.

Como M., oboísta que se presentaba a una prueba de orquesta en Alemania y, al desactivar sus nervios, pudo mostrar su nivel real y consiguió la plaza.

Como A.M., cantante lírica que llevaba dos años sin presentarse a audiciones porque se le bloqueaba la garganta. Unos meses más tarde estaba cantando de protagonista en una zarzuela en uno de los teatros más importantes del norte de España.

Como Carlos, amateur, al que los nervios le impedían disfrutar de su pasión por el piano. Ahora disfruta dando recitales en casa con amigos.

Como C.M., trombonista de una de las orquestas más importantes de España, que había decidido dejar la orquesta por los nervios y dedicarse a la enseñanza. Pero tras darse una oportunidad, desactivó sus nervios y ahora disfruta de sus solos como nunca.

O como Tamara, flautista y profesora, que había intentado de todo y había dejado de tocar en público hace años. No podía tocar ni delante de su familia. Ahora coge la flauta y toca delante de quien haga falta.

(Uso iniciales o nombres ficticios. La confidencialidad de mis clientes es innegociable.)

Estas personas, y otras casi doscientas con las que he trabajado en los últimos cinco años, no consiguieron dejar de pelearse con los nervios porque fueran más fuertes mentalmente.

Lo consiguieron porque desactivaron los nervios.

Si quieres ver cómo funciona esto, he preparado una masterclass donde te explico la metodología para conseguirlo, y hacerlo permanente. La recibes sin coste al registrarte en mi lista de correo, donde te cuento historias reales de músicos que han dejado de pelear con sus nervios. Y si no te interesa, te das de baja cuando quieras.

Nos vemos,

Joseba

2026 © La Mente del Músico
​Entrenamiento mental y emocional para músicos.

Jesús María Leizaola 12. 48640 Berango (Bizkaia)

La información, contenido y servicios incluidos en esta web ni son ni han de ser considerados como diagnóstico o tratamiento clínico ni medico de enfermedades mentales ni de ningún otro tipo, sino herramientas de desarrollo personal y entrenamiento de mentalidad. Si usted sospecha que padece una enfermedad mental o ha sido diagnosticado de ello, le sugerimos a que acuda a un profesional clínico de salud mental, siendo en todo caso la responsabilidad de usted el hacerlo.