
¿Cómo puede un músico clásico quitarse los nervios?
Para quitarse los nervios o el miedo escénico, un músico clásico necesita desactivar la raíz real del problema, que son las imágenes y pensamientos que aparecen en su cabeza inconscientemente cuando está ante el público, como imaginarse fallando o sentir que le están juzgando. Cuando eso se desactiva, los nervios simplemente ya no aparecen.
Entender la raíz del problema es importante por dos motivos.
El primero es que solo se pueden conseguir cambios cuando se actúa sobre la causa real. Los nervios son la respuesta interna a lo que el músico imagina, recuerda o se dice a sí mismo. Ejemplos habituales son: pensar en el fallo de la última vez, sentirse observado por el tribunal, imaginar que el pasaje difícil va a salir mal.
El segundo es que evita perder meses o años intentando lo que no da resultado. Eso sería como estudiar proyección del sonido cuando el problema es la afinación.
En más de 40 años de estudios y de consejos basados en estudiar y prepararse más, el número de músicos con miedo escénico no ha bajado (Herman y Clark, 2023).
Respirar, relajarse, hablar del problema o estudiar más horas no llega a la raíz. Mientras esas imágenes o esas frases no se desactiven, los nervios o el miedo escénico volverán a aparecer.
¿Qué causa realmente los nervios o el miedo escénico?
Los nervios o el miedo escénico están causados por las imágenes y pensamientos que el músico ha aprendido a asociar inconscientemente con una sensación de peligro. No son aleatorios: siempre son una reacción a algo.
Hackmann, Clark y McManus (2000) comprobaron cómo las personas con miedo a ser evaluadas tenían en su mente imágenes negativas que les aparecían en las situaciones que temían.
Esas imágenes o pensamientos pueden venir de fuera, como ver al tribunal u oír su nombre antes de salir, o de dentro, como imaginar que el pasaje difícil va a salir mal. En todos los casos, lo que enciende los nervios es la imagen o el pensamiento que aparece en la cabeza del músico, sin que él se dé cuenta.
Las imágenes tienen mucha fuerza. Imaginar una situación negativa genera más miedo o agobio que describirla con palabras (Holmes y Mathews, 2005). Por eso, en un músico con nervios o miedo escénico, es suficiente imaginarse fallando, o ver al público, para que el cuerpo reaccione como si el peligro ya estuviera ahí.
No te imaginas fallando porque estés nervioso: estás nervioso porque te imaginas fallando.
Los nervios o el miedo escénico no vienen de nacimiento: se aprenden, normalmente a partir de una mala experiencia (a veces ni siquiera relacionada con la música) o de lo que el músico ha visto en otras personas.
¿Se pueden controlar los nervios al tocar en público?
No. En el momento de tocar ante el público, los nervios no se pueden controlar porque son reacciones automáticas que se activan sin que el músico pueda decidir ni gestionar nada. Son reacciones aprendidas, que se activan incluso antes de que la persona sea consciente de ello (Morris, Öhman y Dolan, 1998).
No es algo que el músico haga mal: no lo está decidiendo.
Es como si el pensamiento del músico avanzara por una autopista neuronal. Todo va bien hasta que llega a un punto concreto, como el pasaje difícil o la salida al escenario. Al llegar ahí, aparece una señal: una imagen o un diálogo interno (lo que se llama una representación mental) que obliga a la mente a tomar un desvío hacia los nervios. Ese desvío es automático y escapa al control consciente (Öhman y Mineka, 2001).
Esa es la diferencia entre tocar en casa y tocar ante el público. La autopista es la misma, pero ante el público aparecen las señales que obligan al desvío: una reacción aprendida aparece o no según el contexto (Bouton, 2004).
La diferencia entre tocar o cantar en casa y en el escenario no es la obra ni la persona, sino las imágenes y pensamientos que se activan en el escenario.
Una vez la mente ha tomado el desvío, gestionar los nervios es casi una misión imposible, porque incluso un estrés leve limita rápidamente la corteza prefrontal, la parte del cerebro encargada de gestionar (Arnsten, 2009). Además, bajo estrés, las personas tienden a actuar por hábito automático, dándose menos cuenta de lo que hacen (Schwabe y Wolf, 2009).
Cuando aparece la tensión, el agobio o los síntomas físicos, la reacción ya está en marcha, y frenarla ya no está en manos del músico.
Raio et al. (2013) lo comprobaron: personas entrenadas para calmar con el pensamiento un miedo aprendido lo conseguían, pero dejaban de poder hacerlo en cuanto se las sometía a estrés.
Y tampoco se puede evitar conscientemente que se activen, porque las representaciones que activan los nervios funcionan como señales que obligan a tomar el desvío, por mucho que el músico se haya propuesto seguir recto.
En resumen
Una vez activados, los nervios no se pueden gestionar: el estrés limita la parte del cerebro que haría falta para hacerlo.
Tampoco se puede evitar que se activen mientras la señal siga ahí: el desvío es obligatorio.
La prevención es lo más eficaz contra el miedo escénico (Brugués, 2011b): la solución es desactivar antes las señales que los activan.
El escenario no es el lugar donde se trabajan los nervios, sino donde se comprueba si el trabajo previo ha cambiado la respuesta.
¿Por qué no funcionan las respiraciones, la relajación o estudiar más para quitar los nervios?
Las respiraciones, la relajación o estudiar más no quitan los nervios ni el miedo escénico porque intentan actuar sobre los síntomas, no sobre su causa. Los nervios de un músico clásico se activan por señales concretas que aparecen en su mente, como imaginarse fallando o sentirse juzgado, que se producen se hayan hecho respiraciones o relajaciones o no.
Intentar calmar o gestionar los nervios es como cepillarse los dientes cuando duele una muela: es bueno hacerlo, pero no quita el dolor.
Respirar o relajarse puede calmar el cuerpo un momento, y estudiar más mejora la técnica, pero todo eso se desvanece cuando llega el momento de la verdad. No porque el músico haya hecho mal esas técnicas, sino porque ninguna de ellas actúa sobre la causa raíz: las imágenes y pensamientos internos que se activan en el músico. Por tanto, en el siguiente concierto vuelven a aparecer, y con ellos los nervios.
Los datos lo muestran. En una muestra de 89 músicos clásicos, antes de empezar el programa Scenario a Piacere©, casi todos habían probado de todo:
Método probado | % de los 89 músicos |
|---|---|
Más horas de preparación | 92,1 % |
Mentalizarse | 62,9 % |
Relajaciones | 59,6 % |
Visualizaciones | 50,6 % |
Respiraciones | 46,1 % |
Dar pases | 36,0 % |
El 88,8 % de estos músicos había probado al menos cinco métodos distintos, y seguía con nervios. De los 82 que estudiaron más, ninguno mejoró en el escenario, como se explica en por qué estudiar más no resuelve el miedo escénico. Y los años tampoco lo arreglan: la experiencia profesional no se relaciona con el nivel de ansiedad escénica (Brugués, 2011a).
En cambio, cuando trabajaron sobre la causa raíz, sus representaciones mentales, el 97,8 % recuperó en el escenario su nivel y su disfrute.
¿Cómo se desactiva el miedo escénico?
El miedo escénico se desactiva identificando las situaciones concretas en las que se activan los nervios, encontrando la imagen o el pensamiento que los enciende en cada una y cambiándolo para que deje de provocarlos. El miedo escénico no es un problema general o abstracto: es un conjunto definido de situaciones, y cada una se activa por una representación mental concreta.
Un mismo músico puede ponerse nervioso, por ejemplo en situaciones similares a estas:
al oír que le toca salir;
al pensar en el solo que se acerca;
al imaginarse fallando en el pasaje difícil;
al sentirse observado por el tribunal o por los compañeros;
al recordar una actuación que salió mal;
durante la espera entre bastidores.
No se trata de una lista interminable. En cada músico las situaciones que activan sus nervios son un número definido de patrones, normalmente entre cinco y siete. Cada patrón se repite de forma sistemática mientras siga activo, pero una vez desactivado deja de hacerlo. Es como quitar la señal de la autopista: el desvío ya no aparece.
Para cada situación, desactivar los nervios requiere los siguientes pasos:
Identificar el momento exacto en el que aparece cada patrón de nervios.
Encontrar la representación mental que los activa en ese momento.
Cambiarla para que deje de activarlos, asociándola a una sensación más útil.
Wild, Hackmann y Clark (2008) comprobaron que cuando las imágenes que disparan el miedo se modifican, los nervios y el miedo a ser juzgado bajan, algo que no se consigue hablando de la situación. Trabajar desactivando las imágenes mentales logra efectos muy importantes en pocas sesiones (Morina, Lancee y Arntz, 2017), por eso esta metodología es la base del método Scenario a Piacere©.
Los músicos que disfrutan y dan su nivel en el escenario no es que no piensen en fallar o en la responsabilidad, ni son optimistas ingenuos. Piensan en todo eso, pero de otra manera.
Puedes comprobarlo con un ejercicio sencillo. Piensa en una persona a la que quieras mucho. Probablemente te venga una imagen, y con ella una sensación agradable. Ahora aleja esa imagen, hazla más pequeña y ponla en blanco y negro. Lo que sientes cambia, aunque la persona sea la misma. Con las representaciones que activan los nervios pasa lo mismo: cuando cambia cómo se representan, cambia lo que provocan.
Por eso no se trata de llevar trucos o técnicas al escenario. No se trata de añadir cosas, sino de quitar los activadores. Los nervios son como unas vallas puestas en una carrera de cien metros lisos: cuando se quitan, el corredor no tiene que hacer nada especial para correr con normalidad.
¿Por qué lo que le funciona a otro músico para la presión no me funciona a mí?
Lo que a un músico clásico le funciona para la presión no funciona en otro porque aunque la situación sea la misma (un solo expuesto, por ejemplo), cada mente activa los nervios o el miedo escénico de una forma distinta. Ante el mismo solo, un músico se dice con voz tensa «¡ahí viene!», otro se imagina la garganta bloqueada y otro se repite «lo vas a estropear, ya verás». La situación es la misma, pero la solución necesaria es diferente.
Las reacciones internas de cada músico son diferentes, porque cada persona hace su propia valoración de la situación, y de esa valoración depende la reacción de estrés (Lazarus y Folkman, 1984). Además, las personas aprenden y mantienen los miedos de maneras diferentes, tal y como documentaron Lonsdorf y Merz (2017), por lo que una estrategia válida para todos es tan improbable como que todas las cadenzas de Mozart empiecen por la misma nota.
Este es el mismo motivo por el que los consejos o los trucos no funcionan. Se quedan en la situación externa, que es lo fácil de ver (el miedo al solo), pero no actúan sobre lo que realmente activa el problema internamente en cada músico.
Aunque los patrones puedan parecer los mismos, la forma de activarlos es específica de cada persona.
Por ejemplo, muchas veces no se trata de imágenes, sino de diálogo interno: lo que el músico se dice y cómo se lo dice. En los músicos esto es especialmente frecuente, porque su cerebro está muy entrenado para lo auditivo (Münte, Altenmüller y Jäncke, 2002).
¿Se puede quitar el miedo escénico para siempre o hay que trabajarlo todos los días?
Sí, el miedo escénico se puede quitar para siempre desactivando las representaciones mentales que lo causan, sin necesidad de trabajo posterior. Los nervios y el miedo escénico son reacciones aprendidas que, una vez desactivadas, dejan de generar nervios.
La mente no cambia sus miedos por repetición ni por insistencia, sino por clics mentales. Este proceso es bastante habitual en la mente humana, como por ejemplo lo que pasa cuando una persona te decepciona: cambias tu opinión sobre ella en un momento, y no necesitas repasarlo ni recordarlo cada día. Desde ese clic, tu mente va por otro camino.
Cuando la mente cambia, cambia. Y cuando no cambia, no cambia.
Para que el cambio sea permanente, hay que darle a la mente un camino nuevo, porque la mente no puede dejar de hacer algo, sino que necesita otra cosa que hacer en su lugar.
Superar un miedo no consiste únicamente en desactivar el aprendizaje antiguo, sino que también requiere instalar una respuesta nueva que sustituya a la anterior (Milad y Quirk, 2002), como por ejemplo una de confianza y concentración, haciendo que volver a los nervios resulte realmente difícil para la mente.
Nadie se levanta nunca diciendo «hoy se me ha olvidado tener miedo escénico». No hace falta practicarlo: la mente lo ejecuta a la perfección cada vez. Esa misma eficacia es la que permite que una vez cambiado, la mente active la respuesta de concentración y confianza sin que el músico tenga que acordarse.
Es lo que le pasó a A.O., violinista. Antes, los días previos le daban náuseas, se martirizaba con cada error y vivía el escenario como un enfrentamiento. Hoy lo cuenta así: «Ahora disfruto y conecto con la música ante el público».
Preguntas frecuentes sobre este artículo
¿Se puede quitar el miedo escénico al cantar?
Sí. En los cantantes líricos, los nervios o el miedo escénico se quitan igual que en un instrumentista clásico: desactivando las imágenes y pensamientos que aparecen ante el público. Solo cambia que están asociados al canto, como la garganta cerrada o el miedo a que la voz falle.
¿Puedo quitarme los nervios yo solo, sin ayuda?
Es poco probable. Las señales que activan los nervios suelen pasar inadvertidas: el músico percibe las consecuencias, como la tensión o la desconexión, pero no las imágenes o pensamientos que las causan. Detectarlos exige una mirada externa, como la del profesor que, al verle tocar, le ayuda a mejorar.
¿Hace falta quitar los nervios del todo o basta con reducirlos?
No basta con reducirlos. Mientras queden nervios, no solo se sigue perdiendo acceso a la técnica, sino que se bloquea la expresión, porque el cerebro sigue en estado Beta. Es como una caries: aunque el dolor pare un rato, si no se quita, sigue ahí.
¿Sirve el truco de imaginar al público en ropa interior?
No. Sería divertido que funcionara, pero solo distrae un segundo: las reacciones automáticas se activan igual. Tampoco funciona «mirar al infinito», y a veces es contraproducente, porque tocar o cantar mientras intentas mantener una imagen en la mente genera desconcentración.
¿Qué hago si me pongo nervioso justo antes de salir al escenario?
Por desgracia, en ese momento no mucho. Antes de salir no es el momento de solucionar los nervios, igual que no se repasa un solo cuando se acerca: los deberes se hacen antes. Lo útil es desactivar cuanto antes las señales que los activan, para que no vuelvan a aparecer.
Lectura recomendada
¿Por qué un músico clásico tiene miedo escénico aunque sepa que no tiene sentido?
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Referencias
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Brugués, A.O. (2011b). Music performance anxiety — part 2. A review of treatment options. Medical Problems of Performing Artists, 26(3), 164–171. https://doi.org/10.21091/mppa.2011.3026
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